Wednesday, January 5, 2011
"... Y seréis pobres, por los siglos de los siglos"
La Maldición de Torquemada
"... Y seréis pobres, por los siglos de los siglos" (Por: Jesús Seguías)
" (Dios) Estamos profundamente dolidos por el comportamiento de los que en el curso de la historia han hecho sufrir a esos hijos tuyos y, pidiendo tu perdón, queremos comprometernos con una genuina fraternidad... Pedimos perdón por las divisiones entre los cristianos, por el uso de la violencia que algunos cometieron al servicio de la verdad, y por las actitudes de desconfianza y hostilidad asumida hacia los seguidores de otras religiones".
Juan Pablo II, Ciudad de El Vaticano, 12 marzo de 2000
Así se hicieron pobres y autoritarios los hispanoamericanos
POR QUÉ SON AUTORITARIOS
A propósito del Estado de Derecho Democrático
Nos sentimos obligados a comenzar por una hipótesis: el autoritarismo es un fenómeno social cuyas raíces son culturales, más que políticas. Es imposible presagiar el éxito de un estado de derecho de cualquiera comunidad (familiar, laboral, urbana, gubernamental, nacional) si no se cuenta con una población capaz de asimilar a la democracia y sus leyes no como un simple fenómeno político o administrativo sino como parte esencial de su vida, como una cultura, como una manera civilizada de vivir y convivir. La democracia involucra, además de la libertad personal para pensar, para trabajar, para relacionarse, para amar, también el deber de respetar la libertad de nuestros semejantes. La democracia es -en esencia- un sistema de relaciones entre las personas basado en principios morales, donde el respeto a los derechos fundamentales del hombre y el reconocimiento de la diversidad humana son unos de sus valores más dinámicos e intervinientes. De allí parten las reglas de juego indispensables para que la sociedad funcione normal y armónicamente.
Desde el Código de Hammurabi (1752 Antes de Cristo), hasta el Derecho Romano y las Constituciones modernas, pasando por los Diez Mandamientos de Moisés, El Talmud, La Biblia, El Corán, todos han sido "códigos de comportamiento moral" desarrollados por líderes históricos para que los humanos puedan convivir armónicamente en sociedad. Tanto las leyes religiosas como las estrictamente civiles han surgido para maniatar el comportamiento irracional del hombre y conminarlo (por convicción primero, y por coacción en caso de fracasar el primero) a respetar el derecho de los demás seres humanos a ser felices y compartir el espacio planetario en igualdad de condiciones. Y todas reflejan principios y valores relacionados a la justicia, a la honradez, al amor, así como al reconocimiento, tácito o explícito, de que los hombres somos diferentes, y que la diversidad es parte de la naturaleza humana. Por eso, la experiencia reflejada en la historia de la humanidad nos sugiere que a mayor respeto a esa diversidad, mayor armonía social y oportunidades económicas obtendremos. A mayor armonía en medio de la diversidad, habrá mayor confianza. Y a mayor confianza, serán mayores los niveles de desarrollo total del hombre.
Todos los Códigos de Comportamiento Moral conocidos hasta ahora apuntan, en primer lugar, a que los hombres, como individuos, se autocontrolen, autoregulen su propio comportamiento basados en principios y valores morales, para que, en segundo lugar, se generen relaciones armónicas en (y entre) las diferentes comunidades, partiendo desde el núcleo social básico que son la pareja y la familia hasta las comunidades nacionales, pasando por la comunidad laboral, la comunidad urbana o rural, la comunidad deportiva, etc.
Las religiones y las comunidades políticas han desarrollado diferentes niveles culturales en la comunidad mundial durante su historia, haciendo gala del reconocimiento a la diversidad humana.
Por eso, la constitución nacional de cualquier país, o la constitución de cualquiera organización (laboral, familiar, educativa), también denominadas La Misión, no son otra cosa que la expresión jurídica o formal de una cultura, de unos valores que una sociedad determinada ha decidido asumir históricamente. Cuando esa Misión es compartida por todos, el resultado es el autocontrol y la armonía social. Cuando no es compartida, entonces se requieren de niveles de control externo que obliguen a su cumplimiento. Las sociedades donde no se ha desarrollado plenamente la individualidad del hombre, a partir de personas poderosas y autocontroladas, sino que éste ha sido condenado a formar parte de una masa humana amorfa, enajenada, manipulada, impotente, sometida a los designios del poder supremo del estado religioso o del estado secular (da igual) o de otras personas en particular, y donde la diversidad humana sabe a comino, entonces ese hombre no es propenso al pensamiento y comportamiento democrático. Y cualquiera manifestación que haga en nombre de la democracia y la libertad es insincera, falsa, y sus convicciones son muy frágiles.
Y es esa la razón por la cual en América Latina no hemos gozado jamás de un verdadero y estable sistema de libertades sino de una democracia plástica, caricaturesca, que a veces dura algunas décadas guardando las formalidades, pero al poco tiempo surgen de nuevo las tentaciones del buen gendarme que debe venir a poner orden en la rochela, y a corregir los errores de la "democracia". Hasta que nuevamente vuelven a plantearse las tesis "democráticas", ya una vez fracasado en su gestión el dictador de turno. Siempre ha sido así en América Latina. Mucho se ha hablado de las dictaduras que han imperado en América Latina. Hablo de los golpes cíclicos comandados generalmente por quienes tienen la bayoneta en la mano, y que ocasionalmente cuentan con el aval del pueblo para quien la libertad individual no es imperiosamente su necesidad primaria sino que es secundaria. Nos gusta la democracia porque nos garantiza una mayor rotación de los actores del poder y tenemos más oportunidad de ascender a esos círculos donde, una vez en él, desatamos toda nuestra cultura autoritaria, ventajista, aprovechadora, e irrespetuosa del estado de derecho. Pero cuando ese poder "democrático" se hace inalcanzable y la estructura de poder comienza a petrificarse, entonces surge la necesidad de reemplazarlo a través de un proceso generalmente traumático e igualmente autoritario. Hablo de democracias y dictaduras cíclicas que se hunden en una discusión eterna en busca de la identidad política perdida. Mientras tanto, la pobreza crónica continúa haciendo estragos en la población.
El cuento que no conviene contar
La democracia en el mundo islámico es un ejemplo que viene de la mano para definir la crisis de democracia en Venezuela y el resto de América Latina. Allí, quizás, comienza toda nuestra tragedia. No es una simple casualidad que en la inmensa geografía musulmana no se concibe a la democracia al estilo occidental. Y esto no sólo se debe a que la represión de los gobernantes sea totalitaria sino porque el pueblo sencillamente no se plantea la democracia ni la libertad individual como una necesidad primaria, como un derecho adquirido por su naturaleza humana. El hombre islámico presupone que él no vino al mundo a atesorar una individualidad definida, donde él es un ser humano diferente a los demás y donde él es dueño absoluto de su destino, sino a formar parte del ejército de fieles de Alá, y donde el poder terrenal y el poder divino se integran en una misma trinchera. La vida en La Tierra es un mundo temporal para los fieles. Su verdadera felicidad eterna la encontrará en el cielo. Su estada "temporal" en la tierra tiene dos misiones: asumir un comportamiento ético y moral muy rígido para ganar el derecho de acceder al paraíso celestial, y, como segunda misión, luchar contra las infieles. Es el Yihad o guerra santa. Y, en muchos casos, es el fundamentalismo religioso llevado a su máxima expresión.
Pues bien, esa guerra santa islámica fue la madre de las Cruzadas, la guerra santa de la Cristiandad (que no del cristianismo). Dicho de otra manera, el islamismo que permaneció en Europa durante 800 años transmutó al cristianismo, y su influencia marcó para siempre al catolicismo. Luego vino el choque interno de la iglesia cristiana. y se produjo la gran escisión de la Edad Media entre católicos y protestantes. Los protestantes irrumpen contra la postura del papado ante la generación de riqueza individual, y luego desarrollan su propios valores, impulsan la Sociedad de la Confianza, y se hacen ricos, mientras que la Cristiandad (movimiento político-religioso del catolicismo europeo de la Edad Media, que lideró La Inquisición, y que aportó el componente ideológico y cultural del proceso de conquista y colonización de América hispana) despliega una brutal guerra santa contra los infieles, persecución que traslada a América en su proceso de conquista y la hunde, junto a España, Italia y Portugal, y en parte a Francia, en la más profunda oscuridad durante varios siglos. Ante semejante atrocidad, el papa Juan Pablo II acaba de solicitar perdón a Dios y a La Humanidad por aquellos actos de La Inquisición. Hoy, por cierto, el mapa de la riqueza y de la pobreza en el mundo es casi el mismo desde la Edad Media.
La sociedad de la confianza
La democracia en cualquier lugar del planeta está acoplada sobre las bases de una armónica convivencia humana que permita a su vez crear riquezas individuales. Y la unión de todas esas riquezas individuales conformarán la riqueza colectiva que ha permitido a muchas sociedades llegar a satisfactorios niveles de desarrollo. Es la sociedad de la confianza de la que nos habla Alain Peyrefitte: "La sociedad de la confianza - nos dice - es una sociedad en expansión, ganador-ganador (si yo gano, tu ganas) ; es una sociedad de solidaridad, de proyecto común, de apertura, de intercambio y comunicación". Como comprenderemos, esta sociedad de la confianza no se estructura a partir de una leyes civiles o religiosas sino de unos principios y valores que se forjaron, en gran medida, al calor de la disidencia protestante contra la cristiandad inquisitorial que tanto daño hizo a la América hispana y al sur de Europa.
Francis Fukuyama, en su obra The Trust ("La Confianza"), también sostiene que "...la correlación entre el capitalismo y el protestantismo es lo suficientemente fuerte como para que algunas personas se atrevan a afirmar que no existió ninguna relación. Además, queda claro que en su doctrina el catolicismo mantuvo, hasta los primeros decenios del siglo XX, una mayor hostilidad hacia el capitalismo moderno que las principales Iglesias protestantes."
Y seréis pobres por los siglos de los siglos...
Todo lo contrario ha ocurrido en América Latina. Aquí se ha estructurado la sociedad de la suspicacia, que - en definición de Peyrefitte - es "una sociedad transida de frío, ganador-perdedor: una sociedad en que la vida común es un juego de suma cero, incluso de suma negativa (si tu ganas, yo pierdo); es una sociedad proclive a la lucha de clases, al malvivir nacional e internacional, a la envidia social, al encierro, a la agresividad de la vigilancia recíproca". Sin duda, la brutal represión cultural desatada por la Cristiandad Inquisitorial fue conformando en los latinoamericanos y los europeos del sur los valores propensos a la sumisión, a la enajenación del hombre, pero también cultivó los valores de la suspicacia, de la desconfianza en las normas y leyes tanto religiosas como civiles. Se engendró una cultura dual y contradictoria, donde conviven agónicamente la democracia y el autoritarismo, la religiosidad y la herejía.
Se es católico por herencia cultural pero no por convicción. Se va a la iglesia por temor más que por amor a Dios. Se aceptan los postulados de la iglesia pero no se acatan "como Dios manda". La rebeldía de los americanos conquistados por los soldados de la Cristiandad engendró híbridos mágico-religiosos, que danzan entre los ritos católicos y los ritos de la brujería afroamericana.
Hasta el "español", como idioma, fue impregnado de rebeldes modismos y, en algunos casos, de trochas que acortan palabras, las deforman, y hasta se inventan nuevas. Aunque la verdad es que ésta ha sido la constante idiomática en todos los pueblos colonizados del mundo por españoles, ingleses, portugueses, franceses, etc. En los estados Unidos se repite el mismo fenómeno con el idioma inglés. Una vez más la historia nos enseña que la represión totalitaria, como las ejecutadas por la Inquisición, el comunismo, el fascismo, y el fundamentalismo religioso moderno, generalmente produce un rechazo de proyección histórica en los sometidos. Por eso es que los venezolanos, y los latinoamericanos en general, vivimos en la sociedad del recelo y la malicia eternos, por eso hablamos un español irregular y rezamos las oraciones católicas con un tabaco en la boca.
Asimismo, somos reacios al estado de derecho, pero a la vez somos dóciles ante el poder, y es difícil concebir que es el pueblo quien manda y que los políticos son quienes deben obedecer a través de unas reglas de juego sagradas llamadas Estado de Derecho. En nuestro caso, el fenómeno es a la inversa: los políticos mandan, "mi decisión es una orden" ante la cual el pueblo debe obedecer, y las reglas de juego (léase las leyes, decretos, y ordenanzas) las impone el gobernante de turno a la medida de sus intereses particulares. En fin, nuestra individualidad ha sido absolutamente mediatizada y enajenada por el poder superior. Antes este poder superior estaba representado por la iglesia inquisitorial, represiva y alienante, hoy relevada por el estado civil y sus instituciones: los partidos políticos, los sindicatos, las fuerzas armadas, los parlamentos, etc.).
Desde un presidente hasta el chofer del microbús
De manera, que ante un individuo con una autoestima crónicamente deprimida, con un ininterrumpido y centenario proceso de enajenación, es muy difícil que prosperen la idea de la libertad y la conformación de un estado de derecho que se corresponda con unos valores democráticos que, como ya dijimos, son muy débiles en nuestra población. La libertad la utilizamos generalmente para sobreponernos a la libertad de los demás. Y finalmente opera una lógica perversa, donde todos nos damos por entendidos: cuando carecemos de poder, ciertamente adoptamos una postura sumisa, pero cuando somos poder, entonces somos autoritarios con los demás. Así opera una amplia gama de personas, desde el jefe del gobierno, pasando por el chofer del autobús, o de la gandola, y terminando en el marido machista que le pega a la mujer. El poder del primero es la fuerza armada y el erario público, el de los choferes es el vehículo más grande, y el del hombre es su fortaleza física. Todos son autoritarios en su comportamiento cotidiano y en el desempeño del mando.
En el fondo, opera el mismo fenómeno para los tres: el manejo despótico del poder. Y esa es la filosofía y los valores del poder que impera en América Latina. Si convenimos en que el derecho individual se fundamenta en el reconocimiento y respeto de los derechos de los demás, entonces, cuando estamos ante un hombre enajenado en su estructura cultural, con una individualidad mediatizada, sin principios y valores sólidos ¿qué relevancia puede tener para él el derecho individual y ajeno? Peor aún, ¿qué importancia tienen los derechos del hombre en una sociedad cualquiera, si en fin de cuentas es el estado quien decide por el ciudadano?
Estados Unidos ha tenido una sola Constitución desde su independencia, hace más de dos siglos, con las correspondientes enmiendas que exigía la modernización. La fortaleza de ésta, y su prolongación en el tiempo, radica en sus valores, en sus principios, en el honor, en la confianza mutua de sus ciudadanos, en una sociedad de hombres libres que no toleran el tutelaje de nadie, donde los gobernantes son empleados públicos, pagados con los impuestos de los ciudadanos, y cuya misión fundamental es lograr que esa sociedad de hombres libres funcione armónicamente para que todos puedan producir riquezas. Y la sumatoria de todas esas riquezas individuales conforma la gran riqueza nacional.
Hoy son la primera potencia del mundo. Inglaterra, uno de los pueblos más democráticos del mundo, es la representación extrema de la sociedad de la confianza: allí no hay constitución nacional. La sociedad funciona sobre la base de sus valores y tradiciones, que son manejados con un gran sentido pragmático. La jurisprudencia y las libertades inglesas se han ido formando a partir de documentos como el de la Carta Magna que data de 1225 (hace casi ocho siglos). También cuentan con la Declaración de Derechos (1689). Y en una sociedad donde los valores democráticos son intrínsecos a la personalidad de los ciudadanos, entonces las leyes, las constituyentes y las constituciones son simplemente la formalidad jurídica que da forma, a posteriori, a la convicción colectiva preestablecida de querer vivir en democracia. Es por eso que, mientras algunas naciones poseen un sólido y único estado de derecho, con varios siglos de permanencia, Venezuela va por la constitución número veintiseis en menos de doscientos años ¿En qué se diferencian los casos?
Sencillamente en que lo importante de una constitución, o de un estado de derecho no son el cuerpo de leyes sino la filosofía y los valores sociales compartidos implícitos en el texto constitucional. De manera que de nada sirve una hermosa y voluminosa constitución democrática y revolucionaria si quienes están llamados a cumplirla no creen ni viven cotidianamente en democracia. Ignorar esta pieza fundamental (la de los principios y valores de una sociedad) en todo proceso constituyente conduce a la repetición del cuento sin fin: se inventa una nueva Carta Magna, la violan, y luego se vuelve a inventar otra hasta la próxima violación.
Y así se ha ido la vida de Venezuela durante casi dos siglos: inventando Constituciones "democráticas" hechas a la medida de cada gobernante de turno. Pero sigue siendo pobre y autoritaria. Las constituciones latinoamericanas se han inundado de letras y retórica sin alma. Y no puede ser de otra manera, porque América Latina siempre ha vivido en una contrariedad, en una paradójica vida política y ciudadana: redactan constituciones democráticas al estilo francés y norteamericano, pero las cumplen al estilo ugandés refinado. La viveza criolla, el comportamiento "caribe", la malicia autoritaria terminan imponiéndose. En fin, una letra sin alma es letra muerta.
POR QUÉ SON POBRES
El reparto equitativo de la pobreza
Vamos ahora a lo de la pobreza. Por siglos, los latinoamericanos han estado sentenciados a sujetar su realización personal al veredicto del poder supremo, que -repetimos- antes era el de la cristiandad, y luego fue reemplazado por el estado civil, pero con los mismos valores contradictorios de la sumisión-autoritarismo. Ha sido el signo mortal que ha marcado a los latinoamericanos y los ha condenado a la pobreza crónica. "Somos pobres porque así lo quiere Dios", dicen frecuentemente los resignados desposeídos. "Soy pobre pero honrado", dicen con orgullo católico. Es más, se nos dice con frecuencia que Dios acepta gozoso en su lecho celestial a los pobres y desprecia a los ricos. "Primero entra un camello por el hueco de una aguja que un rico al reino de los cielos", sentencia la Biblia. Por cierto, esta fue la interpretación bíblica que no compartió Calvino y que impulsó la rebelión protestante. De manera que ser pobre y mendigo, según nos enseñó la Cristiandad (y también el islamismo), es una bendición y casi un designio del Señor. La riqueza individual es pecaminosa.
La verdadera riqueza no tiene un solo dueño sino que es colectiva. Pertenece a todos. Y cuando no es repartida equitativamente, entonces surgen los pobres. Es por eso que cuando existen muchos pobres se hace necesario enarbolar las banderas del Reparto Equitativo de la Riqueza, el concepto político más acabado de todos los populistas y propiciadores del proteccionismo en el mundo entero. Y son, por supuesto, el poder político religioso (primero) y el poder político laico (después) los encargados de distribuir equitativamente la riqueza. La riqueza es, para ellos, un valor colectivista (que no colectivo) y enajenado. Y si algún ser humano posee excedentes, es por que se lo usurpó a sus semejantes. De manera que la riqueza y la pobreza son hechos irrelevantes de la "vida temporal" del hombre en La Tierra, dando por sentado con lo trascendente es la "vida eterna" al lado del señor.
Contra esta sentencia de la Cristiandad, muchos sacerdotes católicos han asumido una postura crítica, justo es decirlo. Pues bien, estos han sido los valores fundamentales que han regido a la economía fracasada de América Latina durante siglos. El proteccionismo (fórmula opuesta al trabajo creativo, intensivo, y a la productividad), y enlazada históricamente con la Cristiandad, ha echado raíces muy profundas en esta región.
El petróleo de hoy, el oro y la plata del ayer
Es impresionante la conexión histórica Latinoamérica-Sevilla. "El Siglo de Oro en España es el siglo del oro, o más bien de la plata del Potosí -señala Alain Peyrefitte; pero es también el siglo de una copiosa emisión monetaria, de una ostentación deslumbrante de riquezas ante las plazas financieras italianas y las ciudades del norte de Europa. A España le basta con esa demostración orgullosa, mientras al mismo tiempo frena el espíritu de empresa y la iniciativa, cuando no los veja."
La política (los asuntos del estado) y la vanidad ocupaban el tiempo de los españoles. La economía era un ámbito secundario. Total, el metal precioso sobra y quema las manos españolas. Procedente de las minas americanas, estos metales transitan por España pero iban directo hacia los cofres de los banqueros extranjeros para cancelar la deuda que financiaba la empresa militar española. Las diferencias sociales se agudizan en la península. Los moriscos y marranos, es decir, el sector productivo, son perseguidos. En 1559 se prohibe a la juventud española estudiar en universidades extranjeras para impedir que ésta se corrompa con los hábitos del trabajo y las destrezas del comercio. El hidalgo, el caballero errante, enemigo del trabajo y de los molinos de viento es el paradigma del español, y se antepone al artesano y a los labradores. El trabajo era condenado por la Iglesia y el estado (que eran la misma cosa). Algunos moralistas, como Pablo de León, procuran rehabilitar el trabajo y la tierra. Pero saben que pugnan contra un prejuicio generalizado: "los labradores y los pastores, que suministran el pan y el vino y producen ovejas y otras cosas necesarias para la vida, son considerados por todos como hombres viles y despreciables", decía con desencanto.
Cuando Velázquez (el pintor) -relata Peyrefitte-, en la cumbre de su gloria, fue postulado al hábito de la orden de Santiago, la más prestigiosa de la caballería militar, su amigo Zurbarán hace el elogio de su familia en los siguientes términos: "Los Velázquez jamás han practicado un oficio mecánico y vil... Nunca pudo decirse que hayan tenido tienda, como tantos otros pintores". En efecto, el consejo de las órdenes militares proscribía toda ocupación "baja" o manual: joyero, pintor si la pintura era necesaria para procurar el sustento, bordador, tallador de piedra, albañil, hospedero... Ciento cuarenta y ocho testigos desfilarán para atestiguar que Velázquez jamás recibió dinero por un cuadro. Finalmente, hasta los mismos artesanos terminan cediendo ante los paradigmas dominantes, tal como lo confirma Barthélemy Joly en su viaje a España (1603-1604): "Se sientan desdeñosamente cerca de sus tiendas a partir de dos o tres horas después de comer para pasearse con la espada al costado; si consiguen amasar doscientos o trescientos reales, se sienten nobles; después no necesitan hacer nada hasta que, una vez gastados, vuelven a trabajar y ganar para vestirse y enriquecer su apariencia externa.
Tal acicalamiento lo denominan sustentar la honra" (la pinta o la fachada, decimos en Iberoamérica). La verdad es que la Inquisición penetró los espíritus de los españoles, los portugueses y los italianos. Llegó un momento en que ya la represión era innecesaria, "pues la inhibición cultural está profundamente implantada y es transmisible... Lo que se hunde en la obsolescencia en el siglo XVII no es la Inquisición sino la vitalidad española... La exclusión y la persecución son una opción social de España entera", sentencia Peyrefitte.
Alain Peyrefitte nos informa de tres acontecimientos muy patéticos de la América Latina contemporánea:
a. Los días festivos. "El prestigio de un santo, su vinculación con tal o cual ciudad o provincia, su pertenencia a alguna orden religiosa influyente, eran ocasión de obtener del poder civil hacer festivo el día de su fiesta. No está claro si el pueblo cristiano lograba una mayor edificación, pero es seguro que el trabajo sufría. El número de días festivos se había multiplicado tanto que empezaron a oírse quejas. Estas se dirigieron a Roma, pues se necesitaba nada menos que la autoridad papal para despojar a los santos de sus derechos...En las postrimerías del siglo XVIII, el total de fiestas religiosas por año llegaba al menos a 170."
b.La ayuda alimentaria. "Se puede incluso afirmar que la Iglesia española mantiene la pobreza, en la doble acepción del término. Ama tanto a los pobres que los multiplica. Los socorre con ahínco, porque ejercen una función social y religiosa, al proporcionar al rico la ocasión de aplicarse a las buenas obras. Los asiste con tal eficacia que la pobreza se transforma en un estado bastante tolerable. Lo que denominamos ayuda alimentaria adquiere proporciones prodigiosas: 14 mil panes diarios distribuidos en Sevilla durante 1679; 3 mil libras de pan en Córdoba, que alimentan a veces hasta 7 mil personas. Se entiende la reacción de un visitante inglés, incluso admirador de la caridad eclesiástica: ¿Que estímulo a la industria podemos encontrar en este lugar? ¿Quién va a cavar un pozo cuando le traen agua de la fuente? ¿Tiene hambre? Los monasterios lo alimentarán. ¿Está enfermo? Un hospital está listo para recibirlo. ¿Tiene hijos? No necesita trabajar para educarlos: todos están bien provistos, sin que sea necesario preocuparse. ¿Es demasiado perezoso para procurar su sustento? Basta que se retire a un hospicio."
c. Los vagos conquistan América. "Los efectos de la sociedad de asistencia española son perversos. Hacen girar el círculo vicioso del no desarrollo... Sucede que el sistema español llega a un límite, como ocurrió en Extremadura. La pobreza era allí tan espantosa que ni siquiera la asistencia pudo aliviarla. Un 45% de pobres en Trujillo en 1557; un 42% en 1957 en Cáceres. Con ese nivel de miseria, la población comienza a emigrar. ¡Y qué emigrantes! Los Cortés, Pizarro, Paredes, Orellana, Núñez de Balboa, Pedro de Valdivia... eran todos originarios de Extremadura. No llevan consigo saber alguno, ni talentos económicos ni simplemente hábitos de trabajo. Sólo ansias de desquite; y para tomárselo no conocen otro sistema que el saqueo. En la conquista de los espacios americanos se evidencia la expresión de una gran vitalidad, pero en gran parte de signo negativo. Su carácter reactivo explica que la explotación del imperio español se asemeje más a la captura que a la empresa, a la fuerza que al esfuerzo, al pillaje que al desarrollo. A su vez, la emigración de estos hambrientos héroes extremeños hacia las Américas será el origen del relativo estancamiento político, económico, cultural y social del subcontinente americano."
Estos valores traídos por las huestes españolas fueron complementados posteriormente con los valores de la población esclava africana que vino a América, muy marcados por los ritos mágico-religiosos, la brujería, y la danza como expresiones vitales del hombre.
Todos estos valores (tanto españoles como africanos) han sido el caldo de cultivo, la principal fuente de suministro cultural de los políticos y caudillos tropicales. Así, líderes y pueblos se entienden perfectamente, en sinergia constante. Unos saben qué pedir y otros saber qué dar. Mientras más prometan protección, más líderes serán. Mientras más ofrezca libertad y desarrollo pleno de la individualidad (llamado despectivamente "capitalismo salvaje") más rechazo generará. El proteccionismo oficial, que garantiza el "reparto equitativo de la riqueza" (de una riqueza que nunca ha existido), es la base de una economía propensa a producir más pobres que ricos. Y al no haber riquezas que repartir, terminamos repartiendo pobreza y más pobreza por doquier. Inclusive, el "trabajo" ha sido reseñado en el cancionero popular como "un castigo de Dios", o una actividad a la cual estamos "obligados" para poder comer y proseguir en el jolgorio y la danza eternos. En muchos hogares faltará la leche pero jamás el equipo de sonido musical o el licor. La propensión al juego del azar, o la "ludomanía", es otro de los valores latinoamericanos que se acentúa cuando la crisis económica arrecia. Generalmente, la salida que encuentran a sus problemas económicos está supeditada a un golpe de suerte, o a un milagro de Dios, o a la mano protectora del político de turno. Pero casi nunca apelan al trabajo creativo, intensivo, y exitoso. Ese ha sido el estigma cultural en el que ha vivido Latinoamérica durante siglos. Es el origen del paternalismo estatal, y la principal fuente de alimentación del clientelismo electoral como fenómeno socio-político. Sin duda, las huellas del inquisidor Torquemada continúan frescas 500 años después.
La misma cultura de la suspicacia, de la desconfianza, de la mentira, del aislamiento, del caudillismo como expresión patética del político latinoamericano, los ha conducido a la segregación del continente en decenas de repúblicas que conviven entre sí con la misma cicatriz de la desconfianza y en medio de contradictorios discursos unitarios, pero cuyo único lugar común es la pobreza. Esa fue la tragedia de Simón Bolívar, quien no pudo concretar la unión que sí pudieron hacerlo Washington, Jefferson, y Lincoln en los Estados Unidos de Norteamérica. Hoy podemos apreciar los resultados de los dos procesos históricos. En Norteamérica se discute cómo ser aún más ricos, mientras que en Latinoamérica todavía, 200 años después, se discute cómo dejar de ser pobres.
EN RESUMEN
Demócratas y ricos, la otra moneda
No se concibe un estado de derecho democrático sin valores igualmente democráticos que lo sustenten. Pero tampoco hay democracia posible sin estado de derecho. Y, para rematar, no hay desarrollo sustentable, que genere riquezas, sin democracia. Y si lo queremos enlazar con un problema muy actual, no puede haber inversiones de capital, tanto nacional como extranjero, y generación de fuentes de trabajo si no existen reglas de juego claramente definidas y un estado de derecho sólido que garanticen las inversiones a largo plazo. La inestabilidad y la incertidumbre son contrarias a la generación de riquezas.
La democracia, el estado de derecho, y el desarrollo pleno del hombre y la sociedad son inseparables, tanto como el corazón, las venas, y el oxigeno, y más que fenómenos políticos, administrativos, jurídicos o económicos, aquellos son fenómenos culturales. Es más, y para mayor tragedia de la mayoría de los países de América Latina, la economía moderna y postmoderna se asientan sobre un complejo mundo de conocimientos ¿Hemos medido lo que eso significa en un país con un elevadísimo número de analfabetas funcionales, más de lo que puede resistir una sociedad normal? ¿Sabemos lo que significa, además, que en ese país no exista una sólida cultura para la democracia, para la generación de riquezas, para el pago del tributo? Sin duda, cuando se crucen las líneas ascendentes de la pobreza con la ignorancia plena (ya falta poco) esto estallará en mil pedazos.
La gente sencillamente no comprenderá por qué nunca más pudieron obtener un empleo estable, o por qué no volverán a obtener -en el caso de los venezolanos- el nivel de vida que tuvieron durante la era de la fantasía petrolera. Por eso insisto, la gran revolución latinoamericana se librará no en un congreso constituyente, o en las montañas guerrilleras, o en los cuarteles sino en las escuelas, en el hogar, y en los medios de comunicación social (las tres grandes instancias generadoras o modificadoras de cultura) a través de una revolución educativa, que siembre en ellos una cultura auténticamente democrática, una cultura para el trabajo y la riqueza, una cultura tributaria, y todos éstos basados en principios y valores morales. Sólo así, y dos décadas después, comenzaríamos a ver los primeros resultados de una nueva región. Eso es lo serio y lo trascendente.
Y sólo entonces podríamos apostar por el éxito de América Latina. Lo demás es charada criolla y hojarasca tercermundista.
Gobernante que no comprenda esto conducirá inevitablemente a su país a un sendero árido, en un tiempo perdido y estrecho ante los retos verdaderamente históricos. La opción es clara.
Una fuerza oculta
A modo de reflexión solamente: ¿Cómo se puede lograr involucrar de una manera EFECTIVA a los miles compatriotas que andan por el mundo entero, sobre todo aquellos que a través de un aprendizaje obtenido (sector técnico, educacional, económico, social, político, médico, etc.), que pueden contribuir directamente con el desarrollo país? ¿Cuáles son las medidas concretas a tomar? ¿Cómo captar realmente a estos profesionales peruanos y "seducirlos" para un posible retorno?. Si, existe un portal del congreso, sin embargo no hay aún una plataforma Gubernamental (disculpen si estoy equivocado) en la cual, cientos de profesionales peruanos en el exterior tengan acceso DIRECTO (y NO a través de consulados o embajadas) con los congresistas, políticos o empresarios, pero de manera INTERACTIVA. ¿Existe un presupuesto para esta comisión? ¿Existe un plan de trabajo? Puedo asegurar que aún no se entiende -políticamente y económicamente hablando- la verdadera importancia de tener miles de ojos en el extranjero, miles de captadores de conocimiento y formas de desarrollo que pueden ser muy bien aplicadas al país en todas sus formas. ¿Por qué no pensar en que nuestros políticos y congresistas -según rama y/o comisión- reciban asesoria (de acuerdo al tema) directa de estos profesionales (en primera instancia) ?
Continuará...
Friday, December 31, 2010
El derecho de soñar
Christian
El derecho de soñar
Vaya uno a saber cómo será el mundo más allá del año 2000. Tenemos una única certeza: si todavía estamos ahí, para entonces ya seremos gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado milenio.
Pero, aunque no podemos adivinar el mundo que será, bien podemos imaginar el que queremos que sea. El derecho de soñar no figura entre los treinta derechos humanos que las Naciones Unidas proclamaron a fines de 1948. Pero si no fuera por él, por el derecho de soñar y por las aguas que da de beber, los demás derechos se morirían de sed.
Deliremos, pues, por un ratito. El mundo, que está patas arriba, se pondrá sobre sus pies:
-En las calles, los automóviles serán pisados por los perros.
-El aire estará limpio de los venenos de las máquinas, y no tendrá más contaminación que la que emana de los miedos humanos y de las humanas pasiones.
-La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el super-mercado, ni será contemplada por el televisor.
-El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia,
y será tratado como la plancha o el lavarropas.
-La gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar.
-En ningún país irán presos los muchachos que se nieguen a hacer el servicio militar, sino los que quieran hacerlo.
-Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo,
ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas.
-Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las hiervan vivas.
-Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos.
-Los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.
-El mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra la pobreza, y la
industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra por siempre jamás.
-Nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión.
-Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura, porque no habrá niños de la calle.
-Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero, porque no habrá niños ricos.
-La educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla.
-La policía no será la maldición de quienes no puedan comprarla.
-La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir
separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.
-Una mujer, negra, será presidente de Brasil y otra mujer, negra, será presidente de los Estados Unidos de América. Una mujer india gobernará Guatemala y otra, Perú.
-En Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental,
porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.
-La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas de las piedras
de Moisés. El sexto mandamiento ordenará: "Festejarás el cuerpo".
El noveno, que desconfía del deseo, lo declarará sagrado.
-La Iglesia también dictará un undécimo mandamiento, que se le había olvidado al Señor: "Amarás a la naturaleza, de la que formas parte".
Todos los penitentes serán celebrantes, y no habrá noche que no sea vivida
como si fuera la última, ni día que no sea vivido como si fuera el primero.
Thursday, December 30, 2010
Weihnachtsansprache 2010 von Bundespräsident Christian Wulff im Schloss Bellevue
A continuación el discurso del presidente alemán Christian Wulff, por estas navidades (2010).
Me he esmerado con la traducción en castellano (leer más abajo), esperando que cumpla los parámetros correspondientes a la traducción del original.
Christian Montero
¡Feliz Navidad, queridos conciudadanos!
En estos días de fiesta nos tomamos el tiempo para las personas que son importantes para nosotros. Nos alegramos de las visitas, cartas y llamadas telefónicas.
Sentimos que: Nos pertenecemos. Nos apoyamos mútuamente. Estamos interconectados.
La unión, la comunicación, la convivencia: lo que necesitamos en nuestras familias, en nuestras vidas privadas y en toda nuestra sociedad.
La unión, la comunicación, la convivencia, todo esto no sucede por sí mismo. Por lo tanto, tenemos que hacer algo. Nuestra sociedad vive de aquellos que ven donde son necesitados, de ellos que no necesitan pensar tres veces para apoyar y asumir responsabilidad.
Estas son algunas de estas personas que he invitado hoy de noche al Palacio de Bellevue. Ellos se han comprometido este año para los demás, juntos con los demás. Por diversas razones y motivos. Aunque todos son diferentes, depende de ellos y muchos otros que actúan como ellos, que nuestro país se mantenga unido: por la solidaridad y el estar el uno para el otro.
El Estado podrá, dentro de sus posibilidades apoyar financieramente en caso de emergencia a las personas necesitadas. Pero darle valor a alguien, darle a alguien una palmadita en el hombro, extender la mano a alguien: Para ello se necesita de gente, a la cual lo humano le es importante.
Se necesita gente como ellas:
Las personas que se preocupan por los niños en el barrio, incluyendo por supuesto, a las personas con discapacidad desde el principio.
Las personas que visitan a los enfermos, asi simplemente, porque es normal para ellos, porque es una alegria y un logro personal.
Las personas que participan activamente en una asociación, en el coro o en un grupo de voluntarios - y todo el mundo sabe: Ellos son siempre confiables.
Las personas que unen sus fuerzas con otros para poder realizar nuevas ideas. Aquellos que están disponibles a las instituciones, debido a que sienten responsalbes por su ciudad, por nuestro país, por nuestra democracia.
Quién se involucra tanto, recibe mucho a cambio. Los voluntarios viven más por cierto.
Nuestra sociedad es libre y colorida: Vivimos en mundos diferentes, somos diferentes en lo que se refiere a nuestra procedencia, a nuestra religión, a nuestra educación y a nuestros sueños de felicidad.
Para que una sociedad prevalezca con gente diversa, necesitamos en primer lugar: el respeto.
El respeto a la persona que es diferente de uno mismo. Y al reconocimiento de sus logros.
Respeto a los hijos y a sus necesidades. Reconociendo los logros de sus madres y padres. El respeto y el reconocimiento a los logros de los más ancianos.
Cada uno debe sentir: Yo pertenezco aqui, aqui se me necesita.
La unión, el entendimiento y la convivencia: Esto se aplica también a las relaciones con todos nuestros socios en todo el mundo. Nuestro país es muy respetado. Nuestra sociedad es libre y tolerante, nuestra fiabilidad con los países grandes y pequeños es apreciada. Presenciar esto es una experiencia agradable de mis encuentros con personas aquí y en nuestros viajes en el extranjero.
Mostramos solidaridad y estamos dispuestos a continuar asumiendo responsabilidad - incluso en Europa. Esperamos que nuestros socios hagan lo mismo. Todos deben hacer sus tareas.
Tenemos confianza en la integración europea y la fuerza de Europa.
Muchos de nuestros compatriotas son los soldados, policías o trabajadores de construcción en el extranjero con el fin de promover el desarrollo, garantizar la paz en el mundo y combatir el terrorismo. Nuestros pensamientos están con ellos y sus parejas, sus hijos y los padres que los extrañan, sobre todo en estos días especialmente.
A partir de la Navidad viene el mensaje de paz y confianza. Lo que hace 2000 años fué oido en los campos de Belén como un saludo de los ángeles a los pastores, es lo que anhelamos hoy para nosotros: Paz en la tierra.
Para Navidad les deseo a todos una convivencia más amplia - una familia y amigos que nos significan nuestro lugar de origen y el hogar. Deje que nos volvamos a encontrar una y otra vez, en aquello que nos une y nos mantiene unidos.
Se comienza desde pequeños.
Aquí en este árbol navideño cuelgan estrellas, en las cuales los niños han escritos sus deseos.
¿Sabe usted lo que la mayoría de los niños le gustaría de sus padres? Más tiempo.
Es el deseo de mis hijos también. Tomémonos el tiempo el uno al otro.
A todos ustedes les deseamos mi esposa y yo unas felices fiestas y un buen y exitoso año nuevo 2011.
Thursday, November 11, 2010
Gepanzertes Herz
Weil ich Dich habe und nicht habe.
Weil ich an Dich denke.
Weil die Nacht die Augen offen hat.
Weil die Nacht vergeht
und ich 'Liebe' sage.
Weil Du gekommen bist
um Dein Bild zu holen
und Du besser bist als alle Deine Bilder.
Weil Du vom Fuss bis zur Seele schön bist.
Weil Du von der Seele bis zu mir gut bist.
Weil Du die Süsse hinter den Stolz verbirgst
klein und süss, gepanzertes Herz.
Weil du Mein bist
Weil du nicht Mein bist.
Weil ich Dich so sehr anschaue und sterbe.
Und schlimmer sterbe ich
wenn ich Dich nicht anschaue.
Weil Du immer überall existierst.
Aber Du existierst besser dort wo ich Dich liebe.
Weil Dein Mund Blut ist.
Und weil es Dir kalt ist.
Ich muss Dich lieben, Geliebte.
Ich muss Dich lieben.
Auch wenn diese Wunde doppelt schmerzt.
Auch wenn ich Dich suche und nicht finde.
Und auch wenn die Nacht vergeht
und ich Dich habe und nicht habe...
M. Benedetti
Corazón Coraza
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.
M. Benedetti
No te salves
No te quedes inmóvil al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca.
.
No te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer lo párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo.
.
Pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el jubilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.
Mario Benedetti